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miércoles, 14 de mayo de 2014

EL IMPERIO DE LA NUBE




Esta foto la hice un día de febrero del año pasado. Muestra la Estación Central de Ferrocarril de Berlín. Me quité un guante para accionar la cámara. Y sólo hice una foto porque a los pocos segundos empezaron a dolerme los dedos por causa del frío. Aparte de un grupo de chavales que jugaban a fútbol en la nieve helada y transeúntes ateridos, la imagen muestra la nube. No las nubes. La nube. La mancha uniforme gris que se apodera del cielo de los países nórdicos de Europa en algún instante de noviembre y ahí se queda, a menudo con escasas interrupciones, hasta bien entrado marzo. Gris, mata la luz. Gris, roba el brillo de los objetos. Gris, pone una especie de desidia triste en los párpados de la gente. No faltan estudios que achacan a la nube el alto índice de suicidios por depresión en Noruega, Finlandia y otros países gélido/desarrollados. La nube tiene, sin embargo, sus ventajas. Invita al recogimiento, a la vida disciplinada y laboriosa, al ejercicio filosófico. Yo creo que me hice novelista por su culpa.