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viernes, 9 de mayo de 2014

SVEN HASSEL Y ALGUNOS RITOS INICIÁTICOS DE LECTOR




Salíamos del colegio a eso de la una. San Sebastián, agustinos de Santa Rita, principios de los setenta. Sobriedad, disciplina, la letra con sangre entra y todo eso, pero bien. El que se sentaba a mi lado vivía en Lasarte, y aunque la parada del autobús le quedaba cerca, prefería acompañarme andando hasta mi barrio y subirse allí a su diario medio de transporte. Por el camino me contaba episodios, a veces bastante crudos, de las novelas bélicas (pero antinazis) de Sven Hassel, que él leía con pasión. Yo era lector de tebeos, no de libros. Y este compañero, cuyo nombre no supo retener mi agujereada memoria, me metió más que la regla del fraile el gusanillo de la lectura. Lo reencontré muchos años después. Era pica-pica en los trenes Vascongados. Le mostré mi billete. No nos dijimos nada. Cosas de vascos. Quizá no me reconoció. Yo a él, sí. He olvidado a muchos. A él, imposible. Ocupa, aunque no lo sepa, un espacio en mi museo mental de personas que me han influido decisivamente. Largos años después, enredando en una librería de viejo de San Sebastián, encontré por casualidad uno de aquellos libros de Sven Hassel publicados en la colección Reno de Plaza y Janés. Doscientas pesetas, no más. La legión de los condenados, uno de los más fumables de la serie. No entro en consideraciones literarias. Páginas amarillentas, cubierta en buen estado. Lo compré y lo leí con una intensa sensación de adolescencia. Cada página era como un espejo que reflejase al lector primerizo que fui, devolviéndole de paso a mi memoria innumerables recuerdos de aquellos tiempos. Y, claro, ya no pude parar. Durante varios años me dediqué a la busca de aquellas viejas novelas hasta completar la colección. Hay más, pero yo sólo quería las de Reno. De vez en cuando me daba la enorme alegría de encontrar una que me faltaba, ya fuera en la Cuesta de Moyano, en el Rastro, en el almacén de una librería de viejo de Cádiz (el ejemplar allí adquirido olía tan fuerte ¿a moho? que lo tuve durante semanas, protegido con un plástico, en el congelador), etc. He perdido la cuenta de las veces que pregunté: Buenas, ¿tienen novelas de Sven Hassel? La última me la procuré de manera poco romántica en internet. Ahora las tengo todas y estoy tranquilo.