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jueves, 19 de junio de 2014

UN POEMA DE GÜNTER EICH



 
Günter Eich (1907-1972) es un relevante poeta alemán que alcanzó celebridad durante la posguerra. Existe una edición en lengua española de su poesía completa, publicada en 2005 por la editorial La Poesía, señor hidalgo. En 1943 su domicilio en Berlín fue destruido durante un bombardeo y, con él, una gran parte de los manuscritos de Eich. Tras su muerte, se descubrió entre sus documentos una solicitud de ingreso en el partido nazi con fecha de 1933. No hay constancia de que fuera admitido ni se le conocen textos de defensa o justificación de la ideología nacionalsocialista. No es descartable que su gestión obedeciera a un propósito, muy extendido entonces, de supervivencia. En 1953 contrajo matrimonio con la escritora austriaca Ilse Aichinger, hija de madre judía. Eich participó como miembro destacado en los encuentros del Grupo 47, cuyo premio llegó a ganar. Estas reuniones y el referido premio me sirvieron de modelo para el simposio de poetas que narro en mi novela Ávidas pretensiones.
Para quienes no conozcan la lengua alemana, acaso no esté de más una pequeña nota adicional acerca de la pronunciación del apellido del poeta. El diptongo ei se dice en alemán siempre ai; la ch no tienen nada que ver con la ch del chocolate. Recuérdese la pronunciación del apellido del compositor Bach. En cuanto a la ü de Günter, se acerca mucho a la pronunciación de la u francesa (Camus, Duras).
Me he atrevido a traducir el poema con que empieza Botschaften des Regens (Mensajes de la lluvia), libro de Eich publicado en 1955. En el enigmático verso final he traducido Pfennig por penique. El Pfennig era en Alemania, hasta la llegada del euro, una popular moneda de diez céntimos, del mismo color que la peseta.
Günter Eich und Ilse Aichinger, © Foto: Deutsches Literaturarchiv Marbach 
Günter Eich e Ilse Aichinger

FIN DE UN VERANO

¡A quién le apetece vivir sin el consuelo de los árboles!

¡Qué bien que participen del morir!
Los melocotones han sido cosechados, las ciruelas se cubren de color,
mientras susurra el tiempo bajo el arco del puente.

Mi desesperación confío al paso del pájaro.
Él mide con sosiego su porción de eternidad.
Sus recorridos
se hacen visibles en la fronda al modo de una fuerza oscura,
el vaivén de las alas da color a los frutos.

Hay que tener paciencia.
Pronto será descifrada la escritura del pájaro,
bajo la lengua puede sentirse el gusto del penique.

***** 


El poema original:

Ende eines Sommers
Wer möchte leben ohne den Trost der Bäume!

Wie gut, daß sie am Sterben teilhaben!
Die Pfirsiche sind geerntet, die Pflaumen färben sich,
während unter dem Brückenbogen die Zeit rauscht.

Dem Vogelzug vertraue ich meine Verzweiflung an.
Er mißt seinen Teil von Ewigkeit gelassen ab.
Seine Strecken
werden sichtbar im Blattwerk als dunkler Zwang,
die Bewegung der Flügel färbt die Früchte.

Es heißt Geduld haben.
Bald wird die Vogelschrift entsiegelt,
unter der Zunge ist der Pfennig zu schmecken.