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viernes, 8 de agosto de 2014

LECTURAS ANTES DE LA AGONÍA Y LO QUE VIENE DESPUÉS




Tarde o temprano les pasa a todos. Alcanzada cierta edad, hacen recuento de los años vividos, calculan los que les podrían quedar por vivir y concluyen aceptando la evidencia de que el tiempo no les llegará para hacer tantas cosas como quisieran. Tampoco Mendizábal está libre de tales cavilaciones. El otro día, quitando el polvo a su biblitoeca, cayó en la cuenta de que muchos de sus amados libros no los volverá a leer jamás. Por si acaso se ha dado a releer con fruición y un nada grato regusto de despedida sus libros favoritos. Los ha apartado y ha hecho con ellos una pila considerable. Sabe/intuye/cree que esta puede ser la última vez que los lea. Pudiera suceder que por última vez sus ojos recorran los versos de la Divina Comedia, los diálogos de Fortunata y Jacinta, los renglones de Cien años de soledad. Ahora está con el Quijote, primera parte. El Quijote lo frecuenta una vez por década. Esta vez absorbe cada oración, cada palabra, cada letra, como el sediento que temiera perder una gota de la provisión de agua de su cantimplora. Pobre Mendizábal. Qué se le va a hacer. Así es la vida, el tiempo huye, etc.