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jueves, 15 de enero de 2015

COSILLAS DEL TELAR: ESCRITOR CON MADRE




Pues sí, los escritores también tienen madre y la mía es de traca. Va a cumplir dentro de poco noventa años. Sigo llamándola por teléfono cada dos por tres para que me proporcione datos de mi infancia, de gente a la que conocí, de lugares y hechos de mi ciudad. En una ocasión (El trompetista del Utopía) la envié a Estella con una lista de veintidós preguntas: sobre el color de la casulla del cura, sobre el pretil del puente, sobre la ubicación de tiendas y bares, etc.
Ella siempre me dice lo mismo: que debería darle parte de las ganancias de mis libros porque me está haciendo la mitad del trabajo. Lo cierto es que tiene una memoria que yo no sé de dónde la saca. Si no es por mi madre yo no habría sabido cuántos años tengo en la foto de la cubierta de mi nuevo libro ni dónde se hizo dicha foto ni con ocasión de qué acontecimiento. Mi madre se acuerda de lo que comimos aquel día, de cómo íbamos vestidos, del nombre del restaurante y de innumerables detalles del banquete, como, por ejemplo, que la parentela de “la otra parte” empezó a comer antes que llegara el resto de convidados. Estoy hablando de una boda de 1967.
Mi madre es de traca por otras razones. Un día iba en un autobús urbano de San Sebastián y vio, acomodada en un asiento, a una chica desconocida que leía Fuegos con limón. Mi madre, que, a su edad, además de buena memoria goza de buena vista, reconoció al instante el libro. Incapaz de contenerse, enristró hacia la joven lectora, le clavó sin miramientos un dedo en el hombro a fin de llamar su atención y, señalando el libro, le dijo:
-Es de mi hijo.
Se comprenderá que desde entonces yo viaje con gafas negras y las solapas levantadas en los autobuses de mi ciudad natal. Aún más vergüenza me causa que abordara al exlehendakari Ibarretxe, vestido de ciclista, en una sociedad gastronómica y se presentara a él sin más ni más como madre mía.
Este orgullo de mi madre (y de mi padre cuando vivía) es para mí una de las recompensas más gratas que me ha dado la literatura. Quien tenga hijos me entenderá.
Hoy, día 15 de enero, ha llegado a las librerías Las letras entornadas. Mi madre (en esto es muy donostiarra), por la tarde, se pondrá guapa, o sea, elegante, y por su cuenta se dará un garbeo por las librerías de la ciudad para después contarme por teléfono en qué escaparates estaba mi libro, si en la FNAC había un montoncito de ejemplares, esas cosas.
Y bueno, todo esto, que es tan familiar, tan doméstico, y que no tiene  por qué ofender a nadie, a mí me parece bien, qué queréis que os diga.