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viernes, 6 de febrero de 2015

SEIX BARRAL PUBLICA "HERMANOS DE SANGRE"




Hace cosa de un año traduje para Seix Barral un libro tan curioso como fascinante, mitad novela, mitad documento de época. Su título, Hermanos de sangre. Su autor, Ernst Haffner, del cual se conservan muy pocos datos biográficos. Entre los años 1925 y 1933 trabajó de asistente social y de periodista en Berlín. Lo último que se sabe a ciencia cierta de él es que recibió una citación de la autoridad nazi en 1938 para que se presentara en las oficinas encargadas de regular el trabajo de los escritores. Después, Haffner desapareció sin dejar huella.
Hermanos de sangre ha empezado a distribuirse estos días por las librerías españolas. En Alemania conoció una primera edición, con otro título, en 1932. Transcurridos más de setenta años volvió a editarse y causó sensación.
Ciertamente el libro ofrece una imagen harto negativa de la Alemania de aquel tiempo. Los nazis lo prohibieron y lo echaron a sus hogueras. Es un libro que tiene un aire de novela picaresca protagonizada por chavales sin hogar que viven en pandilla, diseminados por los barrios de Berlín durante la República de Weimar; así pues, en la época prenazi.
Algunos se han escapado de centros de acogida. Todos buscan el amparo del grupo para defenderse, encontrar alimento y cama, establecer una urdimbre de lealtades, robar, divertirse, luchar contra las otras pandillas... Hay episodios bastante crudos de prostitución masculina, frío, hambre, violencia o malos tratos en comisaría. Pero también tramos de ternura, fiesta y amistad. En la memoria guardo la peripecia de un pobre muchacho que viaja desde Colonia hasta Berlín agarrado al eje de un vagón de tren. O los hurtos en equipo dentro de un edificio de grandes almacenes o el robo fallido en un piso particular después de abrir un boquete en el techo de una carnicería.
La traducción me supuso algunas dificultades, pero esto es normal. He peleado en otras ocasiones con piezas más arduas. Aquí la dificultad residía en la abundancia de expresiones orales, propias unas del habla berlinesa de la época, propias otras del peculiar lenguaje pandillesco. El estilo, de todos modos, es realista, sin apenas complicaciones, y el libro, en consecuencia, se lee con facilidad. Para mí supone una enorme ventaja trabajar en el país donde se usa la lengua que he de traducir. Al menor problema, sólo tengo que levantar la mano y al instante vienen corriendo seis o siete nativos a sacarme de dudas.