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jueves, 6 de agosto de 2015

HIROSHIMA



 Hiroshima h29_19773763
Anoche vi en un canal de la televisión alemana un exhaustivo documental sobre la bomba atómica de Hiroshima. Entrevistaban a algunos de los que iban en el avión. Estos ofrecían su particular punto de vista, no sólo de la acción en sí, sino de cómo se vivió esta desde la perspectiva del que cumple la misión (I did my job, dijo uno): los preparativos, las bromas, su nerviosismo, su incertidumbre, pero también una especie de ignorancia (¿ingenuidad?) elemental sobre lo que estaban a punto de desencadenar.
Lo que de verdad me impresionó fueron los testimonios de los sobrevivientes, que los hubo, incluso en el área más afectada por la explosión: auténticos milagros del azar. Yo estaba acostumbrado a observar este penoso acontecimiento de la humanidad, por así decir, desde fuera: fotos del hongo atómico, imágenes de la ciudad arrasada, pasajes en los libros de Historia. El reportaje de ayer invitaba al espectador a situarse en el lugar de diversos habitantes de la ciudad (una enfermera, dos empleadas de banco, un colegial, una conductora de tranvía, un médico, etc.) y le acercaba episodios veraces en distintos puntos de la ciudad antes de que cayera la bomba, durante la explosión y después.
No menos me encogió el corazón constatar que, en una situación de guerra, el motivo del lanzamiento de aquella bomba y del posterior de Nagasaki sigue vigente.