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martes, 27 de febrero de 2018

LLEGARON LOS LIBROS DE CRISTAL




Por Eva Cosculluela, librera de Portadores de Sueños y amiga, he sabido que mi nuevo libro, Autorretrato sin mí, acaba de llegar a las librerías españolas. También yo lo he recibido hoy por circunstancias de vivir lejos. La llegada de la caja (la caja por antonomasia, la caja mítica) con los primeros ejemplares, olorosos a papel y tinta nuevos, es un rito placentero en la vida de cualquier escritor. A mí me parece que es de las emociones que no cambian por muchos títulos que uno haya publicado. Suena el timbre. Llega el cartero con la nariz roja por el frío. Entrega la caja. Uno adivina antes de abrirla lo que contiene. La agarra, en consecuencia, con el mismo cuidado que si dentro hubiera un objeto de cristal o un bebé o, ya puestos, un bebé de cristal. Imposible fingir normalidad, continuar con la jornada de trabajo como si tal cosa. Uno abre la caja con una emoción que no decae con el tiempo, y eso que el tiempo tiene una capacidad de desgaste que no veas. Uno toma un ejemplar del montón en sus manos. Lo huele. Yo siempre huelo los libros, los propios y los ajenos. Y los toco/acaricio. Y no les doy un lametazo por razones que se dejan imaginar. Y al final, cuando el libro ya ha sido suficientemente sentido, se lo cedo a los ojos, que hacen lo suyo pero evitando, los muy cobardes, cuando el libro es propio, leer con demasiada atención, no vaya a ocurrir que el descubrimiento de una coma superflua o mal puesta, una errata, una imprecisión, dé con todo el placer por tierra y la criatura cristalina se rompa de pronto en mil pedazos. O en ciento veinte, qué más da.